martes, noviembre 24, 2009

A Second Opinion

El Magnetic Resonance Imaging, MRI, es un examen médico que cuando un doctor judío polaco te lo explica menciona palabras y frases como radio waves, high-frecuency, tissues, atomic nuclei, strong magnetic field, en fin, produce imágenes de órganos internos.

Si usted tiene una hernia en la espalda, creo que deben hacérselo. Tal vez no, tal vez a mi querida Mamá se lo querían hacer para ver otra cosa. La vaina es que el miércoles a las 5 un camillero jamaiquino la fue a buscar a la habitación para llevarla al segundo piso. Yo fui con ellos pasando pasillos largos, bebederos de agua que nadie usa, estaciones de enfermeras varios tonos de verde, habitaciones que cuando la curiosidad te hacía mirar para adentro exhibían rostros de dolor, de vejez, de please stay with me till I fall sleep.

Entramos al ascensor. Ahora bien, la cara de mi adorada Mamá no se parece en nada a la de ninguno de los pacientes que uno ve por estos alrededores. Su cara es hermosa, llena de vida, tiene color en las mejillas y labios, una pelaíta bajita no la deja lucir despeinada, sus pijamas tienen glamour, y nada voy a decir del tinte caoba que le queda tan bien. Además, no refleja sufrimiento ni tiene suero ni la boca torcida. No, mi locuaz Mamá va hablando todo el tiempo, incluso, saluda a varias enfermeras que ya la conocen y que la describen como "The sweet lady in 4224", por lo menos frente a mí.

En los laboratorios del MRI me doy cuenta que todos los técnicos involucrados en cualquier rama derivada, o inspirada, en los Rayos X, son rusos. La máquina MRI es gigante, parece un portal Stargate que te transportará al Trafalmadore del entrañable Vonnegut, o tal vez una máquina del tiempo que puede llevarte a la época de Adán y Eva y así poder decirles dos coños a esos hijos de la gran puta lambones que por estar de muertos de hambre comiendo la fucking fruta prohibida que ni tan buena era hicieron que hoy en día uno tenga que levantarse a trabajar los lunes y fuck, acabando con una beca divina de la que no pude disfrutar ni un chin chin. Varias placas en un mural evocan a Flaubert: "La contemplación de una mujer desnuda me hace soñar con su esqueleto."

"¿Me van a meté en esa máquina?", preguntó mi fóbica Mamá.
"Sí, pero mire que no e cerrá, tiene un hoyo en la cabeza y otro en lo pie."
"Ay ay ay ay, tú sabe muy bien Dino que yo sufro de homofobia."
"Mamá, claustrofobia."
"Bueno sí, eso, que no puedo tar encerrada que me ahogo, cuando me muera creo que voy a pedir que me quemen, no quiero despertar en una caja e muerto, ay no", me dijo solidarizándose con un personaje de Poe.
"Mamá no se preocupe, que yo voy a entrar con usté y no la voy a dejar sola."

La técnica rusa, bella de joven, después de nueve Coronas sin limón se le hace algo de vieja, nos mira como si fuéramos dos formularios. Todo en ella es eficiencia, organización, burocracia y método. Sabe que, aunque mi otrora fértil Mamá ha pasado la edad de la reproducción, debe, por ley, preguntar:
"Do you think you are pregnant? Are you breastfeeding?"
"¿Qué preguntó la rusa?"
"Que si uté piensa que ta preñá y si ta dando la teta."
"Jajajjajajjaja, dile que esa fábrica se cerró hace mucho, jajajjajajjaja."

El viaje de regreso lo dirige un camillero dominicano, de San José de las Matas, que entabla una competencia con Mamá sobre quién hable más duro, más rápido y sin coger aire. En estos largos pasillos de este inmenso hospital compruebo una vez más el mito halloweenesco de la enfermera sexy. Las damnificadas, de diferentes credos y razas, van de fea a JESÚS MUCHACHA NO TE ME APARECA ASÍ DE REPENTE. Muy amables, eso sí. Muy eficientes, eso sí. Muy asépticas, eso sí. Ya en la habitación nos esperan 5 doctores, y el Jefe de Cirujanos. Todos tienen el caco pelao, no sé si por requisito del Departamento de Cirugía o por solidaridad con algún enfermo de Cáncer, como en un episodio de Curb Your Enthusiasm, o simplemente porque pertenecen a una banda skin head. Tiene la palabra el Jefe.

"Hi Mrs Ortiz, how've they been treating you?"

Un momento, déjenme reclamar un derecho. Ser el traductor entre una doña dominicana y un doctor judío polaco es una tarea digna de un Grammy Latino. O por lo menos de una nominación a Hijo del Año en el Diario Libre. O en los premios anuales de los Jaycees 76. O del Club de Rotarios de Santo Domingo.

"Que hola qué cómo la han tratao."
"Ay que muy bien, que aquí me siento como en un hotel, aunque no me gustan los exámenes donde me sacan 4 tubos de sangre y me meten en esas máquinas donde no puedo respirar además que anoche no me dejaron dormir con el Intercom este sonando a cada rato y
"Mamá, Mamá, aguántese un momento, Good, very good."
"Ok, well Mrs Ortiz, after reviewing your MRIs and the results of all the tests we have been doing, we all agree that the best option is to operate as soon as possible."
"¿Qué dijo ahora?"
"Bueno, que depué de revisar los resultados de los exámenes todos están de acuerdo de que lo mejor es operarla lo más pronto posible."
"Ay ay ay ay, eso era lo que yo no quería, que me abrieran la espalda, yo esperaba una terapia, es que a mí me da mucho miedo la anestesia, uno se puede quedar ahí, ay ay ay ay; por cierto, dile al doctor que es igualito a Hipólito, tienen que ser familia, pregúntale si no tiene familiares dominicanos, son pin pun."
"Well Doctor, she is scared."

Cuando los doctores se van empiezo a convencer a Mamá de que la operación es la mejor vía. Que el cirujano tiene mucha experiencia, además, linda Mamá, usted ha parido cinco veces con varias cesáreas en hospitales dominicanos donde los doctores operan con velas, ¿se va a meter a pendeja ahora?

Ahora bien, ya la tengo convencida, pero empiezan a llamar las tías. Las tías son devotas del doctor Florimón, un doctor dominicano con una clínica en Queens experto en males de doñas dominicanas. Mis tías lo adoran porque es el único doctor capaz de descifrar sus neologismos y los síntomas que ellas explican:

"Mire doctor, a mí me empieza un desajilivio desde el brazo izquierdo y me pasa a la garganta y me hace tragar, después me entra un calor y me pican los dedos meñiques, al mismo tiempo me da hipo..."
"Ya claro, tómese este placebo, digo, esta pastilla cada vez que cante un gallo."

Además, parece que las tías vieron un programa de esos ER, General Hospital, o tal vez alguna telenovela mexicana donde a algún enfermo terminal le aconsejaban buscar una segunda opinión.

Tía Divina: Pero Gisela, eso lo decidieron como demasiado pronto, tú deberías buscar una segunda opinión.
Tía Fe: Pero Gisela, ¿por qué tú no te buscas una segunda opinión?
Tía Inés: Pero Gisela, ¿y te van a dar bisturí de una vez? No, no, tienes que buscar una segunda opinión.

"Mamá", le digo perdiendo la paciencia, "¿usted no vio que fueron como 6 doctores y el Jefe de Cirujanos, el que se parecía a Hipólito? Esas son muchísimas opiniones, ¿de quién más se va a buscar una segunda opinión, del doctor Florimón?"

Mamá pone una cara que me da ganas de comérmela a besitos, esa cara de Contigo no se puede discutir muchacho porque eres un sarcástico pero te quiero mucho mucho y me das mucha risa y eres mi hijito que se me iba a morir de hepatitis. En fin, creo que la convencí. Llega el camillero dominicano y se ponen a hablar de lo bien que se vive en República Dominicana aunque los dos pueden regresar cuando lo decidan y sin embargo no se van de Nueva York ni aunque Obama envíe el Octavo Regimiento de los Marines con tanques y basukas para deportarlos. Aprovecho que está entretenida y bajo a fumarme un cigarrillo y a llamar a la bella Claudia, que hoy tenía una cita de trabajo para un puesto de editora.

Claudia estaba de mal humor, nos hace tanta falta pasar un día juntos, trancados, celulares apagados, Olé de Coltrane in repeat, como a ella le gusta. El camillero dominicano se había ido, pero Mamá tenía la carita de preocupación, de duda otra vez.
"¿Y qué pasó?"
"Oh, que el camillero dominicano me dijo que sería mejor si buscaba una segunda opinión."
"Pero carajo, entonces usted le va hacer caso a cualquiera que no sea doctor, le voy a subir a la muchacha de los tamales, al árabe del carrito de falafel para que le den una segunda opinión."

Mamá se voltea, lucha para no mirarme pero no puede aguantar y cuando me mira se explota de la risa. Se pone colorada, como la muchachita que Kakfa miraba por su ventana un día de primavera y cuya cara se ilumina cuando pasa un hombre.

miércoles, noviembre 11, 2009

I love my Mother

Para Ana E V.

Para alguien que, como el tío Oswald de Roald Dahl, sufra de OCD visitar un hospital es una divertida actividad tal vez comparable a darse un tiro en un pie. De hecho, si se pudiera elegir, el tiro ganaría de calle. Por eso muchas veces los amigos operados de apendicitis u otras nimiedades catalogan a uno de hijo de la gran puta al que no le importa nadie porque aunque se llamó mil veces no se puso el pie en ese paraíso-cementerio de gérmenes llamado Hospital o Clínica.

Pero como la vida es una anaconda engulliéndote chin a chin, y uno no tiene una pistola, y la paciente a visitar no es otra que la querida Madre aquejada de dolor de espalda, diagnóstico hiena, digo, hernia con posibilidad de cirugía, hoy me levanto temprano para subirme en el tren 5 hasta Union Square transfer al N cruzando el Brooklyn Bridge en el mismo momento que sale el sol bajándome en la 59 con 4 Ave. This is Bay Ridge.

Desde la parada del tren hasta el Lutheran Medical Center, qué grande te has dado Lutero, es una caminata de 7 minutos que mi esperanza vana de recibir una llamada informándome que mi querida Madre ha sido dada de alta recorre en 25. Al llegar a la entrada, llamo a mi hermano para comprobar. No luck, ella está en el cuarto piso, habitación 4224. Palíndromo.

Respiro hondo mirando el hospital. Me quedo un ratico palomiando afuera esperando una bomba atómica, o que al menos el policía le dé un macanazo, o use el taser, al carajo con bastón que parqueó su Prius muy cerca de un hidrante, frente a la entrada de las ambulancias y que además, tal vez amparado por su dudosa minusvalidez, lo llamó Motherfucker. Pero no, no hay abusos para el New York Post. El tipo se calma, se sube en su Prius saving the earth one gallon at a time, and we will never meet again.

Por suerte la puerta del hospital es automática, abre sin yo tocarla. Voy a Información, con cuidado de no acercarme mucho al mostrador, para que me digan cómo encontrar la 4224 aunque estoy seguro que comoquiera me voy a perder y que tendré que volver a preguntar varias veces a alguna enfermera o camillero. Estos diseños de estas plantas de estos hospitales, que ocupan cuatro esquinas donde todas las habitaciones son iguales y mil combinaciones de números no ayudan al errante, hacen que se pierda el mismo De Soto, que, ya se sabe, descubrió el Mississippi. La mujer frente a la computadora debe tener como 103 años, sus ojos con lagañas no me dejan entender lo que dice.

Entro al ascensor. Me pego a una esquina. Entra una enfermera. Una voz dice, Hold the elevator. Y mi temor se hace realidad. Lo primero que veo son los pies blancos muy blancos del cuerpo que está en la camilla que meten en el ascensor. Miro el techo, no quiero ver esa cara de sufrimiento que podría adornar mis próximas pesadillas. Ruego a todos los dioses que envíen un meteorito que destruya el planeta en este mismo momento. Como no sucede, uso el truco de desenfocar la visión como si estuviera viendo un cuadro 3D, it's a spaceship. Lo logro, y mis ojos sólo ven sombras verdes, amarillas y rojas. Dejo de respirar.

Después de modernizar el mito de Moisés recorriendo por cuarenta años el cuarto piso, diviso la boina marrón de mi hermano. José habla con un doctor de turbante rojo, a benignant and turbaned turk. En la 4224 Mamá en la cama tiene una de esas batas abiertas en la espalda, con los brazos de par en par muestra sus venas heridas por las agujas, rodeada de aparatos electrónicos que repiten beep beep beep. Me arrojo a su cuello y empiezo a llorar. Ya ya ya, dice ella pasándome la mano por los cabellos en la nuca, como cuando iba a arroparme en las madrugadas de tormenta y me consolaba porque los truenos me daban mucho miedo.

miércoles, noviembre 04, 2009

podworkorange.com




YNK

viernes, octubre 30, 2009

Stateless in the Dominican Republic, y liceísta: Jean Charlie


miércoles, octubre 21, 2009

A man under the influence

Salgo del trabajo temprano, y como es viernes, decido contribuir un chin chin a la vida en Sociedad. Visito la casa de mi hermano. Subo los escalones y tropiezo con los cien pares de zapatos frente a la puerta del apartamento chino de abajo.

Tío, me saluda mi sobrino cuando abre la puerta. Recibo el abrazo del oso, ay ay, dicen mis costillas. Mi sobrino practica Tae Kwan Do y Futbol Americano.
Tío, I need your advice.
¿Sobre?
I like a girl in school, I like her like a lot.
¿Y qué pasa?
I don't know what to say to her.
¿Y tú cree que yo soy alguien que puede decite nada, tú no ve que yo ni casao toy?
Oh please Tío.
¿Son amigos?
No, I haven't talked to her yet.
Es muy fácil mijo, sólo acércate a ella y pregúntale su nombre, le dices tu nombre y... ¿qué e lo que más te guta della?
Her green eyes.
Bien, dile que tiene lo sojo muy bonitos y que quieres invitala al cine o a comer algo o cualquier cosa que utede los teenagers hacen nowadays, y que te dé su número de teléfono.
Isn't that coming on too strong?
No ombe no, pero oye una cosa, ¿tú no tiene miedo de pasar vergüenza?
No, I really like her, she's so pretty.
Ok, entonce cuando te le acerque no deje de mirala a lo sojo, y si tiene amiguitas con ella, ignóralas, ok?
Yeah, I can do that.
Pero claro que sí, tú ere un muchachito bien bonito también, ¿ella e latina?
No, she's ukrainian...
Ah mierda, esa zona es una fábrica de super mamis.
Yeah, she is very pretty Tío.
Bueno, dale pallá, y toma 20 dólare por si acaso y tiene que invitala un hamburger or something.

Me acerqué a mi hermano frente a la televisión, quería hablar con él, recordar cuando nos pusimos de acuerdo una vez y enfermamos a la tía Divina, hipocondríaca, Tía, tú no luces bien. Imposible. Estaba viendo por décima vez este mes Pride and Glory y le encanta cuando salen los dominicanos diciendo malas palabras. Antes de irme le paso la mano por la cabeza tratando de no envidiar su melena negra. Te quiero mucho broder, pienso, pero no se lo digo.

Mi buen humor proviene de Gogol. He estado leyendo sus cuentos traducidos al inglés, no los encontré en ruso o mandarín, y entre Nevsky Prospect y La Nariz me tienen endrogado. I am high on Gogol. Y es que he pensado en un cuento gracias a él. Es decir, si uno lee The Overcoat a la mente le llega Bartleby, no puede evitar encontrar coincidencias. ¿Habrá leído Melville a Gogol? Es posible. Los dos cuentos tratan sobre copistas o amanuenses. Akaky Akakievich y Bartleby, ambos son empleados insignificantes, ambos figuras patéticas, ambos tienen finales trágicos, aunque en Gogol, como casi siempre, hay algo de ghost story. Ambos cuentos son tristes y divertidos, como debe ser, la vida no es una película de Lars von Trier. En fin, que si una buena historia inspira otra buena historia la cosa va bien. Mark Twain en su divertido A Connecticut Yankee in King Arthur's Court habla de que el héroe llegado del futuro utiliza sus conocimientos sobre un eclipse para impresionar a los ignorantes ingleses, haciéndose pasar por un poderoso hechicero, lo que trae a la mente el genial cuento de Monterroso, excepto que la audiencia de Monterroso eran los astrónomos Mayas, conocedores de las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, anotados en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Cada vez que llego a la puerta de mi apartamento cuatro o cinco gatos se espantan y salen corriendo. Buscan en los zafacones. Y yo quisiera hablar con el jefe de la pandilla, Don Gato, of course, o hasta con Benito sólo me comí un huevo duro, para decirles que no tienen que correr, que yo jamás les haría daño.

De hecho, de todos los animales domésticos me identifico mucho con el gato, no me gusta mojarme después de bañarme. Jamás sería un beta en una pecera golpeando su imagen en un espejo, o una tortuga que llegó chiquita bonita y ahora está grande hediendo y nadie la quiere, o un periquito llorando porque está solo, o una cotorra sin greencard gritando cuca cuero cuca cuero durante los aguaceros extrañando la Sierra de Bahoruco, o un perro jodiendo todo el santo día pidiendo atención. A excepción de Cohiba, el perro de mi cuñado, que cuando uno lo mira a los ojos siente que está mirando a su querido abuelo o tal vez a Gandhi.

No, yo sería un gato, egoísta, buscando caricias cuando sintiera ganas, alejándome cuando sintiera ganas de estar solo, durmiendo todo el día para salir a joder en las noches. Eso sí, no comería ratones, tal vez bluebirds are so natural I wanna buy them for my friends; no, yo sería un gato añoñao por una vieja que me alimentaría con comida gourmet, yes.

Ahora bien, no quiero ser ningún animal. Desde que una gente dice que le gustaría ser un animal, no importa cuál, cae en una categoría exclusiva reservada para los imbéciles.

Amigo, ¿usted quiere ser un león? Really? Pasarse la vida entera en el Serengeti mirando a los ñus pasar año tras año, debajo de una mata con una temperatura a 200 grados y sin iPhones ni Facebook. Yeah right. Recuerde que los leones no pueden ir a las fiestas de Omega ni tirar tiros al aire los fines de semana.

Amiga, ¿usted quiere ser una gaviota? Really? ¿Le gusta ese nombre? Imagino que no es por la obra de Chejov, ni tampoco por Finding Nemo mine mine mine mine. Primero déjeme decirle que las gaviotas no van al salón todas las semanas ni se desrizan ni se tiñen de rojo infierno. No se pasan las noches bailando música electrónica, whatever that means, ni se disfrazan en Halloween de Enfermera Sexy, una criatura más mítica que Medusa y su melena de víboras. Tampoco se les ve a las 4 de la mañana devorando un pollo con wasakaka y yuca y cebolla; a lo más que llegan es a hurgar en la basura de un Burger King cerca del Bronx River.

Además, los gatos son muy útiles. Y no estoy hablando de que mitigan la soledad, loneliness is lovely. Estoy hablando que si en su casa hay ratones (posiblemente el animal más desagradable del mundo si no contamos a un primo que tal vez se llama Rubén, que pide dinero prestado cada vez que lo ve, que se roba todo lo que puede venderse incluyendo un cargador de iPod, que se orina en la tapa del inodoro, que se bebe cuatro cervezas de un six pack que usted compró para ver el juego de los Dodgers y los Phillies) y usted lleva un gato, al minuto puede observar en las esquinas a los ratones con sus maletas, hey, ¿dónde está Miguelito? Pues se va a quedar, que aquí trajeron a una bestia miao miao.

Entro al calor de Claudia, está sentada en el sofá, rodeada de manuscritos. Tiene que leer tres novelas y entregarle al jefe sus sugerencias, para el 15. Está tratando de conseguir un puesto de editora, creo que puede, es bien analista. Le doy un beso en la cabeza, huele a sudor. Gruñe para indicarme que no le hable. Siempre es así. No quiere hablar conmigo cuando está concentrada, y, sin embargo, cuando yo estoy escribiendo algo le encanta pasarme por enfrente vestida Victoria's Secret, preguntándome, ¿y qué tú haces? Le gusta sentir que tiene el power de hacer que yo deje cualquier cosa para agarrarle ese maravilloso culo de un millón de dólares, y lo tiene.

Pero bueno, dejo a la bella Claudia tranquila y me siento a su lado. Abro mi laptop, la Mac más subutilizada en la historia de las computadoras, y empiezo mi cuento bajo el influjo de The Nose y Nevsky Prospect.

El hombre de mi cuento trabaja en una estación de gasolina en el Bruckner Boulevard, tal vez la calle más fea de todos los boroughs, incluyendo Staten Island. Tiene 5 años en Nueva York y está en peor situación económica que el primer año. Es su culpa. Cada año, por un traque que tiene con su hermana para reportar el Income Tax, le dan más de 8 mil dólares. Él se va para Bonao y no sólo gasta los 5 mil que le tocan si no que regresa a Nueva York debiendo, y sin trabajo. Debe empezar a buscar trabajo otra vez y por eso siempre está empezando. Ahora trabaja el terrible Night Shift, de 12am a 8am. Tiene libre los martes.

Fausto, vamos a llamarle Fausto, gana poco y tiene muchos gastos. Aunque vive en una habitación que le alquila su hermano, que está harto, y la que casi nunca paga, tiene en Bonao una esposa y dos hijos. Remesas. Remesas cada vez que cobra. Fausto no compra ropa, casi no gasta en comida porque su hermano trabaja en un Caridad y lleva arroz todas las noches, pero, ay de las debilidades del hombre, Fausto tiene varios vicios. Bebe, fuma cigarrillos y yerba, y lo peor de todo, está enviciado con la cocaína. Y, ya se sabe, un vicio de cocaína puede acabar con un sueldo, o varios.

Nuestro querido Fausto quiere dejar el vicio. Ha tratado, pero el aburrimiento de un trabajo de madrugada, mientras todomundo duerme, y sin gustarle leer, lo hace siempre llamar a la Percha, o al Topo, o a la Rumba, o a la Moña, y adiós 20, 40, 60 dólares. Así es que una madrugada, bajo el influjo de una nota de un perico extremadamente bueno, piensa que le sería muy fácil dejar la cocaína si no tuviera nariz. Para un tecato con una nota como esa pensar es hacer. Agarra unas tijeras botas y, frente al espejo del botiquín del baño, se la corta.

¿Y qué tú haces?, me pregunta mi adorada Claudia.

domingo, octubre 18, 2009

Jack is dead


jueves, octubre 15, 2009

Man in the Dark

Después de haber leído Brooklyn Follies juré no volver a leer nada nuevo de Paul Auster. No quería que la admiración sentida gracias a The New York Trilogy, The Invention of Solitude, y hasta el Book of Illusions, terminara en desencanto ante la comprensión definitiva de la venta del Sr Auster al sistema de los Best Sellers con sus obscenos hard covers. Como ya el Sr Auster tiene un nombre, le pagan muchísimo dinero por cualquier obra despachada sin la revisión austera de un editor austero que edita los libros con un machete, como debe ser.

Esa imagen romántica del escritor trabajando cada línea de su obra sin ninguna esperanza de fama, sin pensar en los críticos, sin aspiraciones de aparecer en la infame lista del NY Times, y aborrenvidiando a los que aparecen debajo de Dan Brown, sin invitaciones a conferencias en Europa sobre el Nuevo Destino de la Prosa y la Poesía Latinoamericanas Ante el Calentamiento Global, sin invitaciones a mil Ferias del Libro, sin 8 millones de entradas en Google, sólo armado con una cajetilla de cigarrillos, tal vez un gramo de perico, y con el deseo inexorable de escribir lo que siente muy adentro, de escupir su alma al mundo sin importarle que el mundo la encuentre fea, alzando los ojos cuando empieza a amanecer sin sentir el hambre de su estómago pegado a la espalda, desaparece con el primer millar de libros vendido.

Pero bueno, imagino que es muy difícil rechazar un contrato de millones por un libro cada año sin importar la calidad del mismo; yo mismo me transaría por 399 dólares que me faltan para un home theater flat screen super surround sound. Aunque estoy seguro que Faulkner y Steinbeck y Vonnegut tuvieron las mismas tentaciones, y sin embargo… Tal vez por eso Rulfo y Rimbaud escribieron tan poco. Tal vez sintieron que lo que escribían no estaba a la altura del Llano en Llamas, de Una Temporada en el Infierno.

Pero bueno, el Viernes estaba caminando las 18 millas de libros de Strand cuando escuché que desde una de las mesas 50% Off un libro me pitaba. Me acerqué, era Man in the Dark, de Auster. Lo miré, me gustó la portada paperback, odio las tapas duras. Lo tomé en mis manos, me gustó el US$5.99. Lo puse en la mesa de nuevo.

Buy me.
No, I don’t want to feel cheated again.
You won’t, I swear, I am very good, and short, 180 pages.
No, you must be like your brother.
Which one?
Brooklyn Follies.
Oh no, I promise, people say I’m more like one of the Trilogy, and, please keep this between us, some say Auster did not father Brooklyn Follies.
I say.
So, buy me.
No.
At least read what the critics said about me.
Ok, I will buy you, but if you are just a fucking fraud I will wipe my ass with your pages.
We have a deal.

Man in the Dark es la historia de un viejo que sufre un accidente y, ante el insomnio, se pasa las noches inventando historias, aunque el plural es excesivo. Y, of course, como es un viejo todomundo sabe que intercalará los recuerdos de su pasado entre la continuidad de la historia que va creando cada noche. No podemos negar que Auster es un caballo. Ese señor sabe escribir. Empiezas a leer y sin darte cuenta, chin a chin, ya estás envuelto en su letanía.

En la historia los personajes deciden matar al viejo. Es decir, la ficción pasa el umbral de la realidad, los personajes creados por el viejo adquieren vida propia, pensamientos independientes, y una clara misión en este lado, acabar con su creador. Ya en 1939 Flann O’Brien trató el mismo tema en su increíble At Swim-Two-Birds, obra mil veces superior a Man in the Dark, funny and deep, con el poema "A pint of plain is your only man" aprendido de memoria por todos los irlandeses que conozco. Pero bueno, imagino que todo se ha escrito y lo que importa es el nuevo approach dado a un tema manejado ya muchas veces.

Entonces, tenemos a un viejo relatando la historia de su vida y además relatando historias creadas por él para mitigar la soledad del insomnio. Y de eso mismo trata El Pozo de Onetti. Excepto que no es un viejo el que lo hace, es un ordinario hombre onettiano solo en una habitación, acostado, fumando y echándose las cenizas en los pelos del pecho. Y este hombre advierte al lector que él no es más que un loco viejo que se pasa las noches inventando disparates frente a una pared. Pero además te dice que el método que utilizará será alternar un suceso de su imaginación con uno de su realidad. De más está decir que El Pozo de Onetti es mil veces superior al Man in the Dark de Auster, especialmente porque carece de escenas value of shock, como una detallada decapitación vista en familia por Youtube, tan apreciadas por el paladar de los lectores gringos. Pero bueno, también hay que saber que el Sr Auster colocó su standard de calidad demasiado alto y que cualquier libro que para su nivel es catalogado de mediocre en otro escritor podría ser considerado una buena obra.

Leí Man in the Dark en un viaje de ida y vuelta en el tren 5 desde el Bronx a Wall Street, y no tuve la sensación de estar leyendo una novela de una Corín Tellado autorizada a decir fuck cock dick pussy, como me pasó con Brooklyn Follies, y sólo levanté la vista cuando en la parada de Grand Central se armó un mini rebú entre una boricua y un dominicano. Supe que la mujer era boricua porque le gritó al dominicano, "Echa pallá canto e cabrón." Supe que el hombre era dominicano porque le contestó a la boricua, "Mire coñazo mamañema."

sábado, octubre 10, 2009

Life is a Gift Horse

Are you on a date?, me preguntó el lindo bartender del bar al que siempre voy. Somos amigos. Además de cobrarme de menos, free shots everybody, nos hemos encontrado en Nantucket, Vermont y New Orleans. Mirando a Gino, tal vez no es su nombre de documentos, uno no entiende cómo hay hombres heterosexuales que odian a los gays.

¿Por qué tú odias a los gays?
Porque eso e una aquerosidá, dique do sombre singando.
Pero, ¿y lo hacen frente a ti?
No, mire carajo, pero como quiera.
Ok, imagina que estás en una fiesta, y que en esa fiesta sólo hay 2 mujeres, y que, contigo, hay 6 hombres, y, de más está decirlo porque eres bien feo, con tus ojos casi juntos y tu barriga de un millón de granos de arroz y 500 mil granos de habichuela, los otros 5 hombres son muy buenmozos, think Pitt, ¿tú crees que te vas a levantar una de las mujeres?
Claro que no, a meno que yo sea millonario.
Ahora imagina que esos 5 hombres son gays, ¿crees que podrías levantarte a las dos mujeres?
Claro, yo soy el único hombre ahí, epecialmente si las mujere tan bebiendo, que cuando las mujere beben se vuelven unas vagabunda.
¿Ves?
¿Eh?

Esa conversación la pude haber tenido con un carajo que dice ser primo mío, tal vez llamado Rubén, y que tal vez es la persona viva más desagradable de la historia moderna, es decir, el período comprendido entre el primer gol de Pelé y el último homerun de Manny Ramírez. Una persona que habla mal de su esposa e hijo, ese mariconsito no e hijo mío, con cualquiera que quiera escucharlo mientras bebe ron con cranberry en cualquier antro o casa a la que haya caído de paracaídas.

How did you know I am on a date?
I've been a bartender for a long time, I know.
Yeah, I'm on a date.
Do you like her?
What's not to like? I like her a lot.
Yeah, she's hot.
I know.

Y este love affair empezó gracias a una noticia en la página de CNN, "Bear kills woman". Una loca de Connecticut que tenía un oso, un tigre y un león, entró a la jaula del oso para limpiarla y ponerle su comida, pero al oso ese día le dolía un dedo meñique y la mató.

Do you see this news?
Yes?
So, when you go to your summer house in New Jersey, please, keep away from the bears.
Oh no, they are very nice, they won't attack me.
Look woman, if I were a bear, I would eat you.
And I would let you eat me.

Bueno, la manera que dijo eso, la mirada que me dio, sus tetas de quinceañera en un cuerpo de 35, su parado culo perfect size de yegua de paso fino, fueron más de lo que pude soportar, me fui al baño del Banco a hacerme una paja a las 10:33 de la mañana de un martes. Rogando, Mr Orwell, que en el inodoro no hubiera una cámara de video.

Entonces, querido amigo boricua que tienes 20 años viviendo en Nueva York. y que por tu estilo Vin Diesel puedo inferir que muchas te han dicho que no, pero que algunas te han dicho que sí, ¿qué puede hacer un hombre que vive en el far far away kingdom del Bronx cuando quiere estar solo con una mujer que no puede llevarlo a su apartamento? ¿A qué hotel de Manhattan puede llevarla sin que le cueste 400 dólares por 4 horas?
Man, The Liberty Inn.
Ok, dime más por favor.
Son, the Liberty Inn is on 10th Avenue, between 13 and 14.
Habla precios.
My nigger, 60 bucks for 3 hours.

Do you like my dress?
I love it.
Do you like my boots?
I love them.
Oh, you are a player.
I don't do sports.
You know what I mean.
No, I don't.
I wanna take you to Punta Cana.
That's my country.
I know silly, I've been there twice, the most beautiful beach.
Yeah, I know, I miss it so much.
So, can we go?

Caminamos mientras fumamos. Ella me cuenta que siendo una adolescente en Polonia no la dejaban entrar a ver las películas de Bruce Lee. Yo le cuento que siendo un niño en Bonao iba a los matinees de los domingos en la tarde y sólo podía ver el final de las películas de Bruce Lee porque el cine no tenía techo.

When will children learn to let their wildernesses burn, and love will be new, never cold and vacant.
What's that you're singing?
Beck.
Wao, it sounds like a poem.
I know mami, Beck is Rimbaud with Internet.
Uff, please call me mamí again.
Mami.

No importa que usted se encuentre en Paris, Santo Domingo o Nueva York, entrar a un hotel de paso donde, como diría Salinger, en el lobby hay muchos hombres con pinta de chulos y muchas mujeres con pinta de prostitutas, crea un desasosiego en las parejas que están empezando a quererse. No sé si sienten el miedo ancestral de ser descubiertos mientras están haciendo algo que puede ser considerado inmoral, no sé si sienten que su amor se contaminará con la sordidez del lugar, no sé si tienen miedo de ser interrumpidos por la policía investigando un asesinato en la habitación 208, no sé si sufren de OCD y sienten asco ante el tráfico de sábanas sucias arrastradas en una funda de tela azul Property of Liberty Inn Hotel por esa doña china, perdón, asiática, que durante el día recorre todos los vagones del Subway vendiendo películas pirateadas. Anglorios Bastar, fai dola.

A room please.
You have to wait 40 minutes.
Jesus.

Las parejas esperando una cama no tienen la solidaridad de mirarse a los ojos, se sientan en los muebles marrones deseando ser invisibles y fingen seguir el juego de Boston contra los Angelinos. Un bar donde una mujer albina lee la Biblia de los Mormones les brinda poco comfort y un minuto es media hora. A caballo regalao no se le ve el diente, recuerdo de repente y, con genuina ternura, con renovado deseo, abrazo a esta hermosa mujer que comparte conmigo esta aventura en esta noche de neblina, y que tal vez mañana, cuando su esposo regrese de Londres, no me devolverá la llamada.

miércoles, octubre 07, 2009

El Hombrecito is here




www.myspace.com/lehombrecito

sábado, octubre 03, 2009

Southern Comfort

Una desgracia es lo único que une bajo un mismo techo a las familias separadas por grandes distancias. Desde que el corazón de Papá decidió dejar de hacer su trabajo, y su ejemplo seguido por los riñones, el hígado y otras vísceras menores, varias aerolíneas fueron contactadas por teléfono, por Internet, desde Tennesse, Tampa, Ottawa, Albuquerque, procurando pasajes de ida y vuelta a Nueva York. Los precios de último minuto aumentaron aún más el dolor de los afligidos.

Yo mismo tenía más de seis años en Ottawa sin regresar a Manhattan, es decir, sin ver a mis padres. Cada hermano decidió meterse en un hoyo difícil de encontrar hasta en un mapa, lejos de la demencia paterna. Llamo a Mamá cada vez que puedo, y en los últimos tres meses he estado enviándoles dinero. Cosa rara, Mamá siempre ha sido muy frugal con los gastos, hasta hace poco los cheques del Seguro Social, con la ventaja de vivir en un apartamento que compramos entre todos los hermanos y los gastos médicos cubiertos por Medicaid y United Health Care, eran más que suficiente. Si hasta enviaba dinero a tío Lorenzo que se lo está llevando el Diablo allá en Bonao.

A pesar de que la voluntad de Papá era ser enterrado en Bonao, decidimos que allá no quedaba nadie para ir a visitarlo, limpiar la yerba en la tumba, llevarle flores el día de los muertos, es decir, se coge demasiado lucha bregando con un cadáver en un avión. En el entierro vi poca gente llorando. Parece que la edad seca las lágrimas. Cuánto hemos envejecido todos, todos. Hasta esa mañana no había notado las canas en mi barba. Al principio creía que era espuma de pasta de diente, después de mucha agua me vi en el espejo tal cual era, no como la imagen en mi mente.

En el apartamento se armó una discusión sobre quién había llevado el mejor pollo frito. Tía Divina alegaba que el de ella no tenía comparaciones. No era un congelado pollo de cuatro muslos y tres pechugas de un Walgreens, de un Pathmark, de un Costco. Ella misma lo había escogido vivo en el vivero El Cibaeño. Un lugar apestoso a una esquina de su casa donde los animales desean la eutanasia del cuchillo. A pesar de compartir la opinión de Steinbeck sobre los pavos, animales brutos, histéricos y vanos, a cualquiera se le rompe el corazón viéndolos en jaulas pequeñitas, bajo un intenso calor, bajo un intenso frío, hinchando sus pechugas ante los clientes rezándole a San Francisco de Asís para que adelante el Thanksgiving de Noviembre a Agosto. Varias ovejas de caras negras, cantan a coro, "Weee aaarrreee vveeerrryy ttaassssttty." A los pollos se les saca Visa gringa para traerlos desde República Dominicana a Nueva York y todas las mañanas son despertados con el himno nacional dominicano para que el sabor sea más patrio.

Sonó el timbre. Mamá se paró como si tuviera resortes en las piernas varicosas. Entró un hombre de, no sé, ¿60 años?, bigotes negros, teñidos, perfume Drakkar, pantalones blancos con filos de lavandería, zapatos blancos, dos maletas. Inmediatamente lo aborrecí, tal vez por el peluquín. Hay algo sórdido en los hombres que quieren esconder la calvicie con algo tan poco discreto como un peluquín o un trasplante. Es como si ellos mismos decidieran confesarle al mundo que son unos falsos. Especialmente cuando han pasado una edad donde la vanidad no es perdonable. Porque coñazo, ya usted ha vivido más de seis décadas en este planeta, ¿no es tiempo suficiente para abandonar la superficialidad, para dejar de ser un maldito leve? Ladies and Gentlemen, el Profesor Polonius.

Estoy con ustedes en su dolor, dijo, haciendo una señal en el aire muy parecida al símbolo del infinito. Se sentó al lado de Mamá. Noté, cómo no notarlo, que Mamá lo miraba embelezada. Debe ser su amante, pensé, tratando de no condenar su mal gusto, comprendiendo que una vieja no tiene muchas opciones para encontrar a un hombre dispuesto a decirle palabritas bonitas, aunque sean mentiras. Papá acababa de morir, pero Mamá ha estado sola por muchos años. La soledad es peor que la amputación de un brazo o una pierna. No hay prótesis para atenuarla.

Juan estaba muy mal, despertaba de madrugada gri
Stop, dijo el profesor Polonius, y Mamá, como una autómata, como un aparato electrónico al que le han presionado un botón, dejó de hablar. Sé que mucha gente quisieran tener el poder de callar a un ser querido con una palabra, pero que un fucking carajo tenga ese poder sobre tu Mamá...
What the fuck?, exclamé, asombrándome con la indiferencia del resto de la familia. Y cómo soy un hombre que ha pasado los 40, no bullshit allowed, empecé mi interrogatorio.
¿Y ese nombre Polonius? Porque usted obviamente es latino, le pregunté, conteniendo las ganas de escupirlo.
El hombre debe nacer, vivir y morir en libertad, muy bien puede elegir el nombre que quiera, dijo, mirando a todos menos a mí.
¿De dónde es usted?
Soy un ciudadano del mundo, soy de todas partes.
¿Y de qué es profesor?
Soy profesor de almas, enseño a los seres humanos a vivir en armonía con el todo, con el todo que los rodea, soy un guía espiritual que lleva comfort a los corazones afligidos.

Dame un ladrón que te pone una pistola en la cabeza y lo soporto, es posible que hasta lo entienda; pero estos charlatanes que viven del diezmo, de las donaciones, me enferman. Estos "elegidos", no se sabe por quién, estos enviados de la Providencia, no son más que unos malditos vagos que han descubierto que recitar un grupo de clichés con voz engolada a un grupo de imbéciles es mucho mejor, y mejor remunerado, que fajarse a trabajar como el resto de los mortales. ¿Cuándo fue la última vez que alguien vio al Dalai Lama sudando en cualquiera de sus reencarnaciones? El mundo es un desastre, el Tibet es un prisionero. ¿Dónde están los milagros? La Madre Teresa siempre estaba rodeada de muertos de hambre, en la mano una pomada para untarla en las llagas de Calcuta. Esa era una santa.

La razón de la indiferencia ante el power del profesor Polonius sobre la Madre, lo supe después, era que todos sabían sobre él; yo era el único que ignoraba la relación entre esta gallina vieja y este guaraguao con peluquín. Me sentí mal, pero no asombrado. Desde siempre mis hermanos me han tratado como a alguien en la carretera al que se le ha dado una bola en el vehículo familiar; alguien que comparte el viaje pero no la risa íntima, no los secretos fraternos. Tal vez también escuchaban cuando Papá, borracho, le reclamaba a Mamá que yo no era su hijo.

Mis hermanas habían conocido al profesor Polonius en Navidad y, siendo las burras que son, cayeron víctimas del encanto de este Coelho especializado en viudas. Mi hermano sabía de él, y aunque no lo creía un hombre extraordinario, apoyaba la relación por razones totalmente egoístas, prácticas. ¿Quién se iba a quedar con Mamá? De hecho, alguien debería haber estado con ella acompañándola, ayudándola a bregar con Papá y su demencia. Nadie quería vivir con ella, ni en Nueva York ni en ninguna parte, y ahora con la aparición del profesor Polonius ese problema estaba resuelto. ¿Qué importaba si el tipo era un farsante? De una forma u otra todos lo somos. ¿Qué importaba si el tipo vivía del cheque del Seguro Social de Mamá y de alguna limosna enviada por los hijos? ¿Qué importaba si no pagaba renta en este apartamento tan grande? Por lo menos habría alguien para llamar al 911 si a Mamá le daba un patatú en la madrugada. Por lo menos la culpa de no venir a visitarla no arruinaría el sabor del pavo en Noviembre, del cerdo en Diciembre; la imagen de la Madre abandonada no oscurecería por unos segundos el sol de la playa durante las vacaciones del verano.

Dime, ¿te vas a quedar tú con Mamá? ¿Te la vas a llevar para Ottawa a vivir contigo y Claudia?, me preguntó mi hermano, con la misma entonación que usaría alguien que te ofrece un viejo sofá-cama al que el sentido común aconseja mejor botarlo que tapizarlo. Yo bajé la cabeza, no le dije que había dejado a Claudia, encontré en su iPod varias canciones de Ricardo Arjona. El mamañema de mi hermano abrió la puerta, voceó hacia la sala, Profesor Polonius, venga a beberse una cerveza con nosotros aquí en la cocina.

Y si la gente puede divorciarse de un cónyuge al que se ha dejado de amar, ¿por qué no puedo yo divorciarme de mi familia? Salir por esa puerta, tomar un avión en La Guardia hacia Memphis, visitar Graceland; subirme en una guagua hacia Chattanooga. Allí buscarme una white trash con cara de batata, gorda, que me dé golpes todas las noches; vivir con ella en un trailer izando orgulloso la bandera confederada mientras toco en un banjo and I'm proud to be an American, where at least I know I'm free; descubrir la felicidad simple de cultivar un jardín de mufflers, mullets y escopetas. Ser mordido por una serpiente moccasin.

Como imaginé, esa noche no pude dormir. Desperté en la madrugada. Papá estaba sentado en la cama, mirándome. Y si sus ojos me pedían que lo perdonara, también exigían que le pidiera perdón.


Picture by Seth Anderson.

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